La Coctelera

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13 Octubre 2007

LAS MUSAS


CLÍO -

La historia resulta uno de los temas más interesantes para todo
amante del conocimiento, interés que va más allá de la admiración y alcanza los
límites de la realidad: la facticidad y la trascendentalidad. Sin la historia no
se puede construir un discurso científico, pues ¿qué ciencia parte del mero
presente? La naturaleza de la historia abarca tanto el tiempo como el espacio.

El tiempo, aunque puede parecer una simple ilusión, está por encima de
la fantasía misma; el tiempo comprende pasado, presente y futuro. La historia
presenta al pasado con una imagen de temporalidad que lo convierte en realidad
latente que puede interactuar en el presente, caso contrario que ocurre con el
devenir, ya que éste es poco predecible, inconstante e irreal. La historia sigue
siendo historia hasta el mismo pasado, pero nunca hasta el presente, pues algo
que es, lógicamente no puede ser catalogado como algo que fue, lo cual resulta
ser un elemento característico de la temporalidad de la historia.

Por
otra parte nos encontramos con el espacio, el cual nos brinda accidentes tales
como el lugar, la posición, la extensión y el movimiento; todos estos factores
alteran la historia, pero debido a que se encuentran en un continuo cambio
pueden producir también alteraciones en los mismos datos cronológicos que nos
brinda la historia.

De esta forma, la historia como ciencia nos
proporciona un método más por el cual podemos adquirir un conocimiento bien
fundamentado en la realidad inmutable del pasado, tal método actúa en el
presente e interviene en el devenir antes de que éste se dé, por medio de la
predicción, es decir, la interpretación de circunstancias que ayuden a delinear
lo que está por llegar a suceder en el espacio y el tiempo.

-
EUTERPE -

La música, definida por unos como el arte de pensar con los
sonidos, va más allá de esa definición; se podría decir más bien que la música
es el arte de sentir con sonidos, es la prueba sensitiva que le demuestra a
aquellos que poco tienen que ver con los hombres, que todavía poseen algo de
seres humanos. En el trascurso de la historia los sonidos han acompañado al
hombre, incluso cuando hablamos de historias particulares como la vida de un
individuo, la música se hace presente desde la niñez hasta el mismo día de la
muerte. Durante ese trascurso la música se puede convertir en tristeza y alegría
a la vez, sentimientos que pueden surgir de una misma melodía, dependiendo del
ambiente y las circunstancias que estén afectando a la persona.

La
música ha sido exaltada por diferentes personajes de la vida antigua y la vida
contemporánea: poetas, científicos, filósofos, hombres de fe, pedagogos,
literatos, e inclusive, individuos masificados que han visto en la combinación
artística de los sonidos un aliciente más para pasar desapercibidos por un
momento entre las multitudes. Muchas personas son conocedoras de tal arte, pero
también hay aquellos individuos que vanagloriándose por tener un conocimiento
afianzado en la música, no son más que títeres manejados por grandes empresarios
que se olvidan del arte y lo sustituyen con un espectáculo circense donde las
pocas melodías salen de un ordenador y no del cuerpo ni de los instrumentos; el
hecho de que la música sea un arte combinatoria de sonidos no indica que la
expresión de la misma no juegue un papel fundamental en tal técnica, ya que el
cuerpo también hace parte de la música como tal: el movimiento, el tono de voz,
la expresión corporal, así como la concordancia entre el sentimiento expresado y
el sonido emitido.

La música desde sus orígenes siempre ha sido grande;
tal vez la imitación de la naturaleza y sus sonidos por parte del hombre y la
utilización de instrumentos para tal acción hayan dado lugar al surgimiento de
la música. Épocas como el barroco y el romanticismo dotaron a la música de un
sentido sobrehumano incomparable con cualquier otra actividad artística y
científica: polifonías, sinfonías, lieder, mazurcas, valses, polcas, polonesas,
baladas, nocturnos, tocatas, zarzuelas y óperas hicieron de estas épocas un
periodo glorioso para la música. El jazz, el rock, la música popular y la música
experimental han tomado vigencia en la actualidad, pero a pesar de dicha fama no
han desvirtuado el prestigio de los grandes clásicos barrocos y románticos.

Algunas melodías están dotadas de tanta gracia que muchas veces nos
hacen reír, además de alentarnos anímicamente; pero también hay otras que nos
bajan el ánimo y nos llevan por bosques solitarios y oscuros donde el tiempo
parece que no trascurriera; también hay melodías que nos incitan a la práctica
del arte amatorio, y además están aquellas que nos guían por un camino suicida
en el cual el fin es inevitable; algunas nos provocan un estado de inconsciencia
que no es comparable ni con el sueño ni con la muerte; están las que comienzan y
nunca terminan, pues su reminiscencia queda en aquellos que la escuchan. En fin,
la música deja una huella imborrable en aquellos que la viven y la sienten,
huella que puede permanecer y perdurar por mucho tiempo sin ser recordada hasta
después de muchos años.

En la actualidad existen terapias de
recuperación anímica para personas enfermas, así como también para madres que se
encuentran en periodo de gestación; estos son sólo algunas muestras de lo que
hace la música en las personas que se encuentran débiles física y mentalmente,
demostrándose así que la combinación de sonidos es más que un arte profano
–pocas y muchas veces sacralizado el cual le da al hombre
una personalidad casi divina.

- TALÍA -

¿Quién no ha reído
alguna vez en la vida hasta más no poder? ¿Quién no ha desafiado a los dioses y
ha sobrevivido para reírse de ellos? ¿Quién no ha preferido reír en vez de
llorar en momentos donde sólo la tristeza es válida? En verdad la risa es un
elemento innegable en la naturaleza humana, más no una forma de ironizar la
realidad, ya que como seres humanos, somos la única especie con la capacidad de
expresar tal emoción, porque eso es en realidad la risa: una emoción, que en los
momentos que reclaman seriedad a la persona se vuelve incontenible.

Hay
que reconocer que tanto la risa como la comedia han sido temas ajenos de
aquellos que prefieren la tristeza que expresa el rostro de un hombre
crucificado a la sonrisa de un niño que aún no comprende el concepto de alegría.
Umberto Eco se refirió al respecto de este tema en una de las obras literarias
más grandes de todos los tiempos [El Nombre de la Rosa], concibiendo a la risa
como una cualidad humana, la cual resultaba innegable en la naturaleza del
hombre.

La risa como realidad natural del hombre debe su categoría a la
comedia, la cual se basa en la poesía cotidiana y dramática que encuentra un
desenlace poco usual y a la vez ridiculizado de los errores humanos. Se dice que
la comedia es poesía porque también es un arte, que resulta innato en muchos y
aprensible en pocos; la comedia comienza su larga trayectoria histórica en la
antigua Grecia; algunos de los autores griegos sintetizaron la poesía, la
comedia y la tragedia, dando así origen al teatro, y por ende a la ópera. Hoy en
día tales vestigios se conservan, pero su impulso sólo se ha venido dando en
ciertos hemisferios terrestres que se interesan por el arte y la cultura.

La ridiculización de los errores del hombre no puede producir otro
resultado diferente a la risa, convirtiéndose ésta en expresión artística, tan
afín como lo es la misma actuación de los comediantes que están en escena; el
artista refleja todo su arte al público y éste sólo puede responder de manera
correcta, más con la risa o una lágrima que con unos cuantos aplausos. Por otra
parte, la comedia también se ve manifiesta en la música, de una manera en que la
gracia de la misma, sin necesidad de palabras, puede encontrar un punto en el
cual el individuo capta la ridiculización de la vida por medio de sonidos,
aunque esto sólo se presenta en personas que pueden alcanzar la verdadera
naturaleza de la música y la comedia, teniendo en cuenta las premisas del
artista.

- MELPÓMENE -

¡Muerte! ¡Accidente! ¡Enfermedad!
¡Aborto! ¡Alucinógenos! ¿Qué representan dichos términos si no es la tragedia?
¿Acaso la tragedia que representa la vida? ¿O tal vez la tragedia que nos
interpone las circunstancias? ¿Y es que acaso no puede ser la tragedia una
realidad plasmada con las manos, con máscaras en el rostro y movimientos difusos
que suenan con gran armonía en las tablas que están ocultas al público? Quizás
Sófocles comprendió y vivió el verdadero significado de la tragedia o en algunos
casos, y de manera un poco más contextualizada con nuestra época, se piense que
lo haya hecho Nietzsche; aunque sería inadmisible e inaudito que nos olvidáramos
de Dante y hasta de Hoffmann.

Aunque, ¿quiénes han representado mejor la
tragedia si no la religión? La religión, que de un pequeño triunfo pasa a una
gran derrota y a la vez un gran daño para la humanidad. ¡No ha existido mayor
tragedia que la existencia de un Dios particular en quién creer! ¡No ha existido
mayor sufrimiento entre los hombres que el recordar la muerte de un Cristo
clavado de pies y manos en un madero! La tragedia se ha convertido en una aliada
de la religión y ha sido despojada de su carácter artístico y sádico, con la
cual el hombre, más que aterrarse, se tenía que sobresaltar y hacer una breve
comparación entre la representación escénica y la vida personal cotidiana. El
hombre de hoy le teme a la tristeza artística, tan normal como la risa; la
tragedia y la comedia muchas veces se unen para hacer que nos burlemos
sádicamente con las cosas malas que le ocurren a los buenos, porque desde un
punto de vista artístico, los buenos y los malos terminan en los camerinos
dándose la mano; entonces, ¿por qué no podemos estrechar las manos entre la risa
y el llanto, la comedia y la tragedia?

- TERPSÍCORE -

Mover
armónicamente el cuerpo es un arte que muchos practican y que poco comprenden;
la danza es una forma de expresión corporal, que se asemeja a un ritual
materialista que busca la reproducción o apareamiento. La danza como tal, no
tiene un grado de interés destacado en el campo del pensamiento ordenado, ya que
es tan sólo una afección corporal cultivable por medio de la experiencia y sin
ningún cause trascendental, más que la mera diversión y la búsqueda de la
alegría social.

¿Y dónde han quedado aquellos movimientos de las grandes
bacanales de la antigua Grecia, donde el vino, la música, la poesía y el arte
amatorio se sincretizaban en una danza sin reparos y sin discriminaciones que
llevaban a los individuos al éxtasis sensitivo, el amor por la vida y el
desprecio de la misma? Tal vez pasen muchas décadas, o quizás siglos, para que
tal armonía entre cuerpo y sensaciones se vuelvan a producir, pues los hombres
de hoy ven tales expresiones como la manifestación errada de los instintos y la
maculización del hombre ante la moral tradicional. La danza ha perdido gran
parte de su verdadero valor y su significado; hoy sólo es una mezcla de
movimientos monótonos y faltos de cualquier contenido erótico, ya que sólo
importa el beneplácito personal en los medios sociales.

- ÉRATO -

«Joven: ¿por qué te apresuras? Se mueve tu nao por la mar larga y aún
está lejano el puerto final: No basta que siguiendo mis consejos hayas logrado
tener en tus brazos, desfallecida de amor, a una mujer. La obtuviste, sí. Pero
en saber conservarla debes esforzarte tanto como en conseguirla. Mi arte te
ayudará a esto último. Si la conquista es obra del azar, la conservación de ella
lo será del arte. Quizás tenga lo primero menos importancia. Ahora es cuando más
necesito de su ayuda, Cupido y Citera, propicios ya en otras oportunidades. Y de
la tuya, Érato, cuyo nombre quiere decir amor» [PUBLIO OVIDIO NASÓN. El arte de
amar; libro segundo]. Tales y tan sabias eran las palabras del poeta y conocedor
del arte conquistatorio y amatorio que han trascendido hasta nuestros días con
tal veracidad y firmeza que aún algunos amantes de la poesía erótica y
anacreóntica hacen libaciones a Érato.

La poesía es una de las artes que
más validez ha alcanzado durante toda la historia; muchas veces rechazada y
otras tantas elevada a la posición que ocupan los habitantes del Olimpo. Lo
único claro que hay con relación a la poesía es que es un arte practicado por
incomprendidos, que encuentran en los versos una forma de comunicación con el
mundo, mundo que no comprende tal lenguaje y por lo tanto la obvia pero no la
comprende ni la vive.

Son muchos los artistas de la palabra que han
tratado de hacerle el amor a una mujer con un poema, pero son pocos los que lo
han conseguido; lo erótico aún es un tabú, que aunque se diga que está superado,
sigue latente en aquellos que aunque se sonrojan con la palabra coito, ven en la
expresión sicalíptica de las palabras, un hecho por el cual no vale la pena
arriesgarse. ¿Y es que puede una palabra desnudar una mujer? Aun más que eso,
las ensordece y los aturde con el amor, que aunque sea pasajero y casi
incuantificable en materia de temporalidad, es lo suficientemente largo como
para que surja un arte de mucho mayor movimiento en las palabras y en el cuerpo,
pues la poesía y la erótica, pocas veces utilizadas en el arte amatorio, por
miedo a caer en pedanterías, no surgen en aquellas personas que realmente las
necesitan, ni siquiera en los que dicen llamarse poetas, ya que la incomprensión
los persigue y los supera.

En otro lugar perteneciente al territorio de
la poesía, nos encontramos con la anacreóntica; poesía que apoyada en la
ligereza de términos, en la gracia que causa la combinación de los mismos y la
mezcla del buen vino y el placer sexual, le dan a la vida de quienes practican
tal arte poético un soporte más, ya sea para enamorarse de la sensibilidad con
el mundo o el desprecio de sí mismo, lo terreno y lo extraterreno. Un arte así
sólo puede ser practicado por personas cultas, que conozcan el verdadero
significado de los sentidos y las sensaciones, las cuales superan el amor mismo
y que despojan a las palabras de toda validez, haciendo poesía con las manos,
con el néctar vivificante de Baco y el sudor de dos que quieren unificarse entre
juegos, silencios, risas, desesperos, delicadezas, alimento y sensación.

¡Tal es la poesía de Érato! ¡Tal es la poesía de Anacreonte!

Musa

- POLIMNIA -

La actitud meditativa de algunos
poetas es tan propia de su personalidad lírica como lo es la prudencia en los
virtuosos. En muchas ocasiones nos negamos a hacer poesía con el sentido y el
sentimiento, la razón y la pasión, la armonía y la simpatía ofensiva de quien
quiere llamar la atención de otra persona; dicha negación se produce por temor
el rechazo, el cual, si se produce, sólo podría provenir de un individuo con una
actitud intelectual limitada que sólo busca la seguridad en otro que cumpla las
características propias de un ente masificado por los lineamientos de la
sociedad.

Para un poeta lírico, vivir de su trabajo le resulta algo
dificultoso, pues esta clase de poetas son los que al parecer más abundan; digo
que “al parecer”, pues muchos se llaman a sí mismos poetas
cuando no son más que simples aficionados de la trascripción prosaica de lo que
para ellos son sentimientos, confundidos muchas veces con afecciones corporales
que tienen que ver más con los instintos que con la misma realidad que se quiere
expresar.

A pesar de esto, sobreviven aún algunos buenos poetas líricos;
buenos en el sentido en que estos expresan sus percepciones de una manera tan
clara que hacen que el lector mismo sienta cierto tipo de identidad con la obra,
aunque dicha identidad no se dé en grado pleno, pues nunca un literato de la
poesía es lo suficientemente comprendido como para asegurar que hubo una
afinidad total entre obra y espectador.

- URANIA -

Admirar
las estrellas, los satélites, los planetas, las nebulosas, las galaxias, las
constelaciones, en sí, todo el universo es un arte antiguo que ha perdurado a
través de la historia hasta nuestros días. Algunos han utilizado a los astros
para practicar el oficio del arte adivinatoria, ya que valiéndose de la posición
de los mismos pueden ver tanto el presente como el devenir. Pero, ¿tiene validez
real tal arte? ¿La práctica de la astrología es comparable con el saber
producido por la astronomía? En realidad, no hay ningún punto de comparación;
aunque ambos conocimientos parten del estudio de los astros, sólo la astronomía
alcanza un conocimiento avanzado, real y exacto, además, esta ciencia también
consta del mismo elemento con el que cuenta el oficio de la astrología: la
predicción. El estudio del universo, a nivel físico y orgánico, le da al hombre
una perspectiva clara de lo que está por darse en éste, aunque no de manera
completamente exacta, pero sí muy aproximada.

Ptolomeo fue el iniciador
de una larga cadena de personajes interesados en desmitificar los misterios del
universo, valiéndose de instrumentos que sobrepasaban la concepción fantasiosa
de los de su época. Copérnico, Brahe, Galileo, Kepler y Newton fueron los
continuadores de la obra de Ptolomeo, aunque estos dotaron a la astronomía y a
la ciencia en general del elemento práctico faltante, ya que las limitaciones
inquisitoriales del cristianismo medieval y moderno impedían un avance
significativo, pero gracias a ellos la revolución científica pudo comenzar y
trascender, inclusive, los frágiles límites de la fe, pues como siempre la
teología se vio obligada a hincarse ante la ciencia; hay que tener en cuenta que
dicha revolución debe gran parte de sus avances a Bacon, quien se convirtió en
profeta de la revolución tecnológica moderna, además de Descartes, pues éste
dotó a la ciencia de método y reglas de funcionamiento. En nuestro tiempo
encontramos innumerables continuadores de la obra de tales personajes, pero
quizás los más representativos han sido Hobbel y Einstein, quienes han dotado a
la astronomía y a la física con nuevos elementos de una alta validez práctica.

La astronomía, pues, como ciencia, ha logrado trascender de una forma
incuantificable; ha destruido mitos y creado nuevos espacios de investigación;
le ha dado al hombre la posibilidad expandir sus territorios, además, le ha
aclarado a la humanidad que es imposible que Dios esté fuera o dentro del
universo, pues como lo decía el cosmonauta: «Miré y miré y por ningún lado
encontré a Dios» [Yuri Gagarin].

- CALÍOPE -

Cicerón ha sido
uno de los principales oradores de todos los tiempos; sus palabras se han visto
plasmadas en sus obras, así como también en las memorias de los historiadores;
pero en realidad, ¿en qué consistía el arte practicado por Cicerón? Mucho se ha
dicho sobre tal personaje: sus capacidades para hablar en público, la forma de
atraer la atención de los espectadores y el fino estilo de escritura cultivado
en las escuelas más influyentes de la Roma Imperial; la realidad alrededor de
Cicerón está en que sus palabras, aunque muy elocuentes, no estaban dotadas de
un elemento profundo que valiera la pena resaltar, convirtiéndose su oratoria en
una actitud casi que demagógica que exaltaba los ánimos del pueblo y el
intelecto de los hombres sabios.

Personajes imitadores de Cicerón han
surgido por cantidades a lo largo de la historia; personajes que han tenido que
ver con la política, el poder militar, la religión y las comunidades
particulares. Muchos se han valido de la demagogia que les obliga practicar,
otros por el contrario, se han convertido en individuos que ponen en práctica su
capacidad de oratoria en pro de la sociedad; en todo caso, han desvirtuado a la
elocuencia, despojándola del lugar artístico que le corresponde, dejando de lado
la belleza y la armonía que obligan en los buenos discursos. La elocuencia es un
arte que exige mucha práctica, además de respecto, pues si no es bien utilizado
puede llevar al poder a quienes se valgan de éste, teniendo en cuenta que ese
poder no les corresponde.

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